Espero que me perdonen ustedes, pero finalmente me he arrepentido de la afirmación que hice en la última reseña y esta que hoy escribo no tiene contenido cinematográfico, precisamente.Vaya sorpresa. Todos los que me conocen saben bien que nunca he sido fan de Extremoduro. Tampoco los he despreciado nunca, faltaría más, y siempre he reconocido el ingenio que continuamente desprenden en sus letras. Pero por lo general no me gustaban: no sé si los consideraba demasiado duros, demasiado pesados, o quizá demasiado soeces para mi gusto; y la verdad es que siguen sin convencerme demasiado. Esta cuestión, sin embargo, no es demasiado relevante, porque apenas he escuchado tres o cuatro discos enteros de ellos, además de las típicas canciones que siempre ponen en los garitos, y poco más. Pero, como suele ocurrir, todo tiene su excepción, y el disco que hoy os presento es una muy clara.
Como acabo de señalar, no he escuchado la discografía completa de Extremo, ni por asomo. Álbumes enteros solamente he escuchado Agila (1996), que ya reseñó el maestro Mr. Nobody hace poco, y la tríada que componen Yo, minoría absoluta (2002), La ley innata (2008) y Material defectuoso (2011). Prometo darles una oportunidad a los primeros, a los que sacaron en las décadas de los 80 y 90, cuando tenga algo de tiempo y ganas. A pesar de que estos extremeños no se cuentan entre mis grupos de referencia creo que sé reconocer un buen disco cuando lo oigo, incluso aunque tenga a la banda algo prejuzgada, que no sé si es el caso. Y cuando escuché de principio a fin el ya mencionado La ley innata (2008), el que de momento es su penúltimo disco de estudio, lo único que pude hacer (aparte de quedarme con la boca abierta) fue volver a darle al play una y otra vez. Antes había escuchado de forma recurrente Dulce introducción al caos, y puede que también alguna otra pista suelta, cortesía de los que por aquel entonces eran mis amigos. Pero cuando realmente comprendí y admiré la calidad de este álbum fue cuando lo oí entero, gracias a ciertas recomendaciones recientes (¡gracias, Pablo!). Me quedé realmente impresionado, palabra.




